Archivo para salas de cine

A VUELTAS CON LA (MALA) EXPERIENCIA DE IR AL CINE

Posted in Exhibición with tags on enero 3, 2011 by JJMercado

Como ya comenté, ayer estuve viendo El discurso del rey. Acudí para ello a el Cine Ideal, en Madrid y, como de costumbre, volví a encontrarme con la larga lista de incomodidades habituales que me asaltan en estas circunstancias. Vamos, que de ideal poco.

Para empezar una cola importante debida, únicamente, a la manía de abrir sólo una o dos de las cuatro o cinco taquillas disponibles. Seguí pagando los 8 euros correspondientes para pasar a una segunda cola imposible de saltarse incluso ante la necesidad de acudir al cuarto de baño. Una vez en la sala tres incomodidades más: una pantalla raquítica (lo que sumado a las franjas negras laterales de formato hicieron del visionado algo parecido a verlo en la TV de mi habitación); la disposición horizontal del suelo, lo que diez años después me hizo recordar lo que es ver una película con las siluetas del peinado de la señora de delante en la parte inferior de la pantalla (supongo que mi estatura molestó mucho  más al pobre que le tocara detrás de mí); y el monobloque que formaban las filas de butacas lo que tenía como consecuencia sufrir los bruscos movimientos del espectador de la otra punta como si los estuviera haciendo en tu propia silla. Añádase a esto la escasa distancia entre las filas, la deformación que inexplicablemente sufría la proyección en sus extremos de vez en cuando, un sonido bastante discreto y las molestias habituales ruidos y comentarios de la gente (ayer era una pareja que les hacía muchísima gracia algunas expresiones inglesas propias de la corte) y se concluirá al menos con la duda de si la experiencia merece o no el pago de los 8 euros. De si existe o no un valor añadido.

Ya toqué el tema en su día  concluyendo lo que para mí es una gran torpeza por parte de los empresarios dedicados a la exhibición cinematográfica en España (creo que nunca he ido al cine en el extranjero, así que chitón). Dar malos servicios a precios altos no puede tener otra consecuencia que la quiebra del sector, que parece ser el camino elegido por todos ellos. Los precios desorbitados (en crecimiento constante desde al menos 2004) de las entradas, el atraco a mano armada en las tiendas del interior (todo puede llegar a costar hasta seis veces más que en el exterior), la prohibición de entrar con productos propios (que por cierto acaba de denunciar la FACUA en base a la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios) y las incomodidades propias de la experiencia en sí de acudir a una sala que acabamos de comentar son las principales razones por las que la gente, mayoritariamente, ha decidido ahorrarse el dinero obteniendo el mismo servicio en Internet.

Todo empresario se debe a la satisfacción de sus clientes y cuando ésta no se da es que algo debe cambiar. Personalmente, si yo fuera propietario de una sala no dudaría, para empezar, en rebajar el precio del a entrada. La decisión en cadena de subir imparablemente los precios creo que es tender a huir por un callejón sin salida: es verdad que más o menos mantienen los beneficios (incluso algunos llegar a crecer levemente) pero a costa de aferrarse en un ejercicio de confianza ciega a una minoría fiel que invariablemente acude a los cines. El problema es que ese grupo muy probablemente tienda a decrecer y entonces veremos cómo piensan atraer clientela nueva (¿de verdad se piensan que el “invento” del 3D –que ya tuvo su auge y caída en los años 50, por cierto-, con unas entradas un 40% más caras va a solucionarles la papeleta?).

La piratería, pues, no es causa sino consecuencia de una serie de torpezas de la “industria”. La mala calidad de las películas, la inutilidad de las políticas destinadas solventar el problema y la torpeza de los exhibidores forman tres poderosísimas razones para coger gratis lo que otros deciden compartir, eso que los piratas de verdad llaman “piratería”.

DE SALAS DE CINE Y MALOS EMPRESARIOS

Posted in Exhibición with tags on diciembre 17, 2010 by JJMercado

Es evidente que la disrupción tecnológica que –afortunadamente- ha tenido lugar en los últimos años ha traído como consecuencia, entre otras cosas, la caída de algunas industrias tales como la musical o la cinematográfica, fundamentalmente debida a la negativa por parte de estos sectores a aceptar los tiempos modernos y querer aferrarse a unos modelos de negocio que han sido ya pulverizados por el progreso siendo, quizás, el caso de la industria del cine más grave en tanto que su empecinamiento se mantiene pese a haber visto lo que le pasaba a las barbas de su vecino musical.

Es verdad que son muchos los motivos que podríamos enumerar como causantes de la crisis del mundo del cine. Muchos de ellos compartidos con otras industrias, como decimos. Pero hay una serie de ellos que le son inherentes de un modo exclusivo: aquellos relativos a las salas de exhibición, que es lo que hace del cine una experiencia distinta de la de escuchar música.

De entre los diez motivos que aporta en su blog Donald Clark, cuatro son achacables a las salas. A saber: la subida de los precios (el número de espectadores sigue bajando, si bien el truco financiero parece que logra maquillar los ingresos en taquilla en España), los móviles, los ruidos de los espectadores al comer o sorber y los murmullos o comentarios directamente en voz alta de la gente. Personalmente, podría aportar fácilmente al menos otros cuatro (colas, luces de los pasillos, gente que llega tarde, el doblaje…) y a buen seguro entre unos y otros siempre nos quedaríamos cortos.

Ante todo esto, y ante la obviedad de que la “necesidad” de las salas -entendida como único camino para ver cine- no es hoy la misma que hace cuarenta años, no queda concluir sino la tremenda necedad del sector dedicado a la exhibición de películas. Los empresarios propietarios de las salas están se están haciendo un flaco favor, primero, a sí mismos y, segundo, al mundo del cine en general. Es verdad que parte de su actividad está intervenida y no les queda sino sufrir por ello (sobre todo en lo referente a las cuotas de pantalla) pero nada les impediría innovar en otros campos como en la comodidad, la sonoridad o el disfrute mismo, en definitiva, de la experiencia de ir al cine. A mí se me ocurren muchas cosas: quizá podrían incorporar unos buenos auriculares a las butacas, no dejar entrar más allá de la hora de empiece, barra libre de bebidas… y en definitiva, una batería de ideas que, caso de dedicarme a ello, no tendría ninguna duda en llevar a cabo. ¿Tan ciegos están?, ¿de verdad no ve nadie oportunidades de negocio en este campo?, ¿realmente creen que es el 3D la cesta en la que poner todos los huevos?