Archivo para Martin Scorsese

THE FIGHTER QUIERE Y NO PUEDE

Posted in Opiniones with tags , on febrero 11, 2011 by JJMercado

Ni rabo, ni orejas. The fighter merecería, a lo sumo, una vuelta al ruedo saludada. Pero no más. Era la última grande de 2010 que me faltaba por ver antes de llegar los Oscar y la reticencia que hasta ahora había sentido a enfrentarme a ella tiene ahora muchas razones a su favor.

Es verdad que algunos actores tienen una actuación destacada. Fundamentalmente Christian Bale y los secundarios, que no Mark Wahlberg, plano e inexpresivamente musculado en su inverosímil papel de fugaz campeón del mundo. Y es verdad también que la película es capaz de fotografiar acertadamente la fealdad que envuelve la historia real que trata. Pero en ningún caso es suficiente para gozar de los aplausos generales que la cinta ha suscitado por medio mundo. En absoluto.

Quizá el fallo principal debamos buscarlo en un guión deliberadamente partido en dos. Una primera mitad que con la excusa de un documental que anda rodando la HBO acerca de la afición al crack del personaje de Bale trata de mostrarnos el sórdido mundo de las barriadas americanas, con sus mujerzuelas y sus adicciones, en lo que no pasa de ser una retahíla de tópicos ya vistos mil y una veces en mil y una películas que nos han contado lo mismo. Y una segunda mitad en la que vemos, de manera precipitada el ascenso de Micky Ward a campeón del mundo, pasando por las ya estereotipadas escenas de entrenamiento con chándal cutre, la rueda de prensa de los contrincantes y un combate final que, como todos los que salen, para colmo, está pésimamente coreografiado.

Con todo, The fighter duda entre querer (y finalmente no poder, ni de lejos) ser una mezcla entre Toro Salvaje y Rocky. Pero no. Ni mucho menos. Al final ninguna de las que para mí son las dos grandes películas de boxeo de la historia del cine se ve ni levemente reflejada en la obra de David O. Russell. Porque el lado oscuro que ronda más allá de las cuerdas del ring, la profunda relación fraternal entre los protagonistas, la inmundicia del proceso hasta alcanzar la cima lo contó como nadie el primer Scorsese. Y porque la oportunidad del éxito para el novato, los duros entrenamientos, el afán de superación, la pérdida de aliento en el cuadrilátero (con el salvaje despertar de los últimos rounds) y la total empatía con el boxeador ya la consiguió Stallone de manera magistral (sí, Stallone, ¿qué pasa?).

Es verdad que, pese a lo que pueda parecer, es muy difícil hacer una película de boxeo precisamente por lo que acabamos de decir. Lo importante ya está perfectamente retratado. Las dos películas citadas, junto a Gentleman Jim (ejemplo de cómo condensar en noventa minutos toda la ascensión a una gran pelea definitiva) y Más dura será la caída (la soledad del boxeador frente a los tipos de negocios sucios que al final se llevan todo y desaparecen), conforman las cuatro esquinas definitivas del ring cinematográfico.

Dicho esto, o se enfrenta uno al mismo tema desde la originalidad más radical o termina noqueado en el primer asalto. Todo ejercicio de imitación está condenado al fracaso, por más que la crítica lo alabe, que es lo que para mí le ha pasado a The figther. Una película que no está ni de lejos a la altura de sus competidoras en el camino al Oscar.

¿Alguien puede negar que sólo en los 2 minutos que duran los títulos de crédito de Toro Salvaje ya se nos dice mucho más sobre el mundo del boxeo y sus circunstancias que en todo The fighter?…

127 HORAS: UN PELICULÓN

Posted in Opiniones with tags , on enero 11, 2011 by JJMercado

Por fin. Después de verdaderos bodrios, quieroynopuedos y alguna que otra sorpresa agridulce he conseguido dar con lo que para mí es un peliculón. De cabo a rabo y sin objeciones. Danny Boyle, quien fuera director de la exitosa Slumdog Millionaire (a la que sí cabía poner varias pegas, por cierto), deslumbra con su “127 horas”.

La película, basada en un hecho real, nos muestra la terrible aventura que sufrió Aron Ralston quien, en uno de sus largos paseos por los áridos cañones americanos, tras tropezar por una grieta vio cómo su brazo quedaba atrapado por una pesada roca. Sin escapatoria alguna, y desamparado en la más amplia soledad, Ralston sobrevive durante 127 larguísimas horas hasta que, fruto de la desesperación y la lucha por la vida, decide cortarse el brazo con una diminuta navaja apenas sin filo (ver aquí cómo él mismo narra in situ su durísima proeza).

Lo que ya de por sí es una historia que desde luego da para mucho cinematográficamente hablando es convertido por Boyle en una auténtico banquete audiovisual. Con una impecable fotografía y una dirección sinuosa, elegante y en determinados momentos incluso placentera, consigue una auténtica exhibición de sensaciones, de impactantes y cautivadoras imágenes a través de las que comprendemos el mundo interior del protagonista, su incansable afán por agarrarse desesperadamente a la vida, su indoblegable decisión de no perder unos paraísos borgianos que terminan siendo, como nos pasa a todos, las cosas más cercanas y a menudo más despreciadas de nuestras vidas, el juicio mental al que somete su propia biografía y, a la vez, la valentía de no culpar a nadie de su destino fatal siendo capaz, en un alarde de estoicismo, de aceptar su propia circunstancia como algo fruto de su voluntad, de su libre decisión vital.

La interpretación de James Franco resulta asimismo clave a la hora de lograr transmitir todo lo que acabamos de decir. Tanto como el magnífico guión firmado por Simon Beaufoy y el propio Boyle (hay escenas geniales como cuando Ralston se autoentrevista en un imaginario programa que celebra su heroicidad, terminando por descubrirse a sí mismo como un auténtico idiota) y un montaje de los que apenas puede uno ver salvo que viaje en el tiempo a la época dorada de los primeros 70´ americanos (con los Scorsese y cía en sus mejores momentos).

“127 horas” es, en fin, algo más que una película. Es un viaje emocional en el que el propio espectador se ve obligado a poner a prueba el miedo, la angustia, la soledad, la nostalgia, la fuerza y la más tremenda grima que sea capaz de sentir. Para mí, ya digo, un peliculón. Sin más.

PS: La película está aún por estrenarse en España. Parece que llegará entrado febrero. No obstante, circulan ya copias fácilmente accesibles por la red (bendita y libre sea).

BOARDWALK EMPIRE, LA LEY SECA Y EL CINE

Posted in Producción, Series with tags , on diciembre 9, 2010 by JJMercado

Fue hace tres meses cuando, alertado por la noticia de que Martin Scorsese había dirigido el primer capítulo de una serie de televisión, descubrí Boardwalk Empire. Ya el primer capítulo, de más de una hora de duración, me produjo cierta confusión: no sabía bien si aquello era una película o una serie de televisión.

Ambientada fundamentalmente en Atlantic City, Boardwalk Empire nos cuenta las andanzas de Nucky Thompson (un Steve Buscemi en el que probablemente sea el papel de su vida), el hombre que mueve los hilos de la ciudad, y todo su entorno (rico en actores y en personajes, un jovencísimo Al Capone incluido) a partir de la entrada en vigor de la Ley Seca en EEUU.

Nunca antes, que yo sepa, se había realizado un retrato tan crudo –por lo poco alterado- de lo que provocó aquella ley: la creación de mafias, la adulteración de las bebidas alcohólicas a fin de aumentar beneficios, el aumento del poder de los políticos corruptos (valga la redundancia), la proliferación del crimen y sobre todo… la incapacidad para reducir el consumo de alcohol. Hoy, cuando pocos se acuerdan de lo que aquella prohibición supuso, vivimos día a día exactamente el mismo caso trasladado al mundo de las drogas. Quizá el visionado de la serie les haga a algunos cambiar su opinión al respecto.

La ambientación, los decorados, el elenco actoral y la extrema preocupación por el detalle (todo tipo de usos y costumbres, noticias locales, vocabulario, vestuario…) son del máximo nivel, lo cual explica el abultadísimo presupuesto con que la serie cuenta. Baste decir que sólo el primer capítulo tuvo un coste de 18 millones de dólares.  Como recuerda Carlos Reviriego, una cifra superior a la suma de los presupuestos de cinco de las primeras películas del propio Scorsese: Malas calles, Taxi Driver, Alicia ya no vive aquí, Jó, que noche y La última tentación de Cristo.

Desde luego, parte del mérito corresponderá a la inflación. Sin embargo, esto da pie a pensar en la tremenda rentabilidad que HBO espera obtener de la emisión de la serie (que ya ha firmado una segunda temporada) lo que, junto a los datos relativos a las taquillas de cine (nunca antes se había ido tan poco), podría hacernos recapacitar sobre la necesidad que tiene la industria cinematográfica de replantear sus modelos de negocio.

Porque no hay excusas. Demostrado ya que la piratería no es su principal enemigo y que el público sigue tan hambriento como siempre de historias repletas de amor y de intriga y de miedo y de suspense, al cine no le queda sino adaptarse a la marea que ha provocado la disrupción tecnológica: la HD, las pantallas y los sistemas de sonido cada vez mejores, el video on demand, el streamig… hacen cada vez más apetitoso el consumo casero de los productos audiovisuales. Si, frente a todo esto, la industria cinematográfica, en lugar de remojar sus barbas tras ver lo que pasaba con sus colegas de la música, resulta que todo lo que se les ocurre es tirar  de leyes absurdas, culpar a los ciudadanos de cambiar de hábitos, obligarles a pagar vía subvenciones películas que jamás verán ni aun siendo gratis, mentir sobre la incidencia de los “piratas” y subir el precio de las entradas a fin de mantener los ingresos de taquilla, mal vamos. Pero ellos sabrán. Menos mal que algunos entienden de qué va el tema.

Entretanto, además de muy buenas películas que sigue habiendo (no conviene dramatizar), nos quedan cosas como Boardwalk Empire que, insisto, no sé muy bien si es una serie de televisión o una película de 12 horas, cuya primera temporada terminó este lunes no decepcionando en absoluto, lo cual después de ver el primer capítulo era para mí un reto casi imposible.

Qué suerte tienen quienes no la hayan visto todavía. Y qué navidades tan entretenidas pueden pasar si se dedican a ello.