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3D: BREVE HISTORIA PASADA Y FUTURA

Posted in Exhibición, Producción with tags , , on enero 8, 2011 by JJMercado

Con el estreno de Avatar el pasado año parecía que una nueva experiencia había llegado a nuestras vidas: el cine en tres dimensiones. Todos acudimos a probar la sensación de flotar junto a los muñecos azules de James Cameron. En realidad, todos habíamos sido “víctimas” de un marketing poderoso (ese que los cineastas españoles quieren colgar del palo más alto) y además lo sabíamos de sobra. Porque, ¿quién no había vivido ya alguna vez la experiencia tridimensional en algún documental submarino o sobre los faraones del Antiguo Egipto? Es verdad que el viejo zorro de Cameron nos lo presentó todo mucho más bonito y desarrollado, pero la experiencia venía ya de atrás.

O muy atrás. Tanto como que el cine en 3D estaba ya inventado antes incluso que las películas sonoras (en 1915 se estrenó Jim the Pemman, en el Astor Theatre de NY), aunque su primer gran auge no llegara hasta 1952 cuando, bajo el lema “Un león en tus rodillas!!” fue estrenada Bwana Devil, el Avatar de la época. En esos años la industria del cine luchaba incansablemente a fin de robarle espectadores a una tecnología nueva que acababa de irrumpir y que, pese a sus aún precarias prestaciones, prometía un futuro esplendoroso que pocos supieron prever. Así, los empresarios del sector se lanzaron a inventar nuevos formatos, pantallas más grandes, técnicas de sonido más potentes, películas con olores (pese a que la incapacidad de hacerlos desaparecer provocaba una mezcolanza insoportable) y, como hemos dicho, la resurrección de las tres dimensiones.

Pese a que los precios de las entradas suponían un incremento importante (téngase en cuenta que los exhibidores, además de comprar gafas por unos 5-10 céntimos el par, tenían que pagar a dos proyeccionistas capaces de ejercer su trabajo de manera que la imagen filtrada en rojo y la verde se mostrasen en perfecta sincronización) la recaudación sí tuvo un gran impacto haciendo de ello un negocio que parecía rentable.

Dada la voz de alarma, los demás empresarios del mundo del cine se pusieron manos a la obra, fundamentalmente la Warner (House of Wax), Universal (It came from outer space, entre otras) y Disney (Melody). Pero no llegaron muy lejos. En un período de tiempo que no llegó a los 4 años la moda 3D se apagó por completo. La incomodidad de las gafas, el precio de las entradas, la complejidad de distribuir las películas en 3D y 2D y el excesivo coste que habilitar las salas para las proyecciones (que sólo podían rentabilizarse a muy largo plazo) hicieron que el negocio terminara por morir, como certificara en un titular Variety: “3D looks dead in United States”.

Nada nuevo bajo el sol, como vemos. La historia se repite, aún con las naturales diferencias de contexto que, dicho sea de paso, poco bueno dicen de los días presentes. Así, podemos observar cómo mientras la disrupción tecnológica que antaño supuso la TV (en blanco y negro aún) provocó la competencia empresarial e incentivó la creatividad hasta límites insospechados, hoy los piratas del mundillo ven en Internet no un reto frente al que luchar tratando de satisfacer mejor a la clientela, sino una suerte de barco criminal al que hacer frente con los favores del legislador a fin de hacerle desaparecer por las malas. Además, es fácil ver cómo es posible que andemos cayendo en los mismos errores que hicieron desaparecer en su día al 3D: precios altos, salas que no terminan de adaptarse (por no ver claro en beneficio), mala calidad no sólo de las películas sino de la propia tecnología (la mayoría no nos ofrecen un 3D real, sino forzado en postproducción), la dificultad de la producción (que le pregunten a Torrente) y las malditas gafas, si cabe más incómodas y problemáticas que en el pasado.

Sin embargo, no todo son inconvenientes y el avance imparable de la tecnología podría poner freno a muchos de estos problemas. Así, ya hemos podido ver cámaras que graban directamente en 3D, diseños de gafas mucho más atractivos o, directamente, la desaparición de las mismas con idénticos o mejores resultados que es, parece evidente, el único futuro posible si no se quiere acabar de nuevo con un titular como el de Variety en los años cincuenta.

En cualquier caso, ¿será capaz el 3D, como algunos piensan, de ofrecerle al espectador una experiencia tan atractiva como para hacer posible la sustentación de las salas de cine frente a la facilidad de acceso a los contenidos vía Internet o, directamente, como ya se está haciendo en EEUU, por la propia TV? Pues parece razonable pensar que no.

LA HIPOCRESÍA DE JAMES CAMERON

Posted in Noticias de cine with tags , on enero 4, 2011 by JJMercado

No me gustó Avatar. Al margen de la curiosa experiencia del 3D (y la innegable imaginación a la hora de crear fundamentalmente gadgets futuristas) me pareció una película más bien hortera y con una trama que llegaba a provocar en ocasiones vergüenza ajena. Esto no quita para que le niegue a James Cameron ni un ápice del valor de sus importantes aportaciones a la historia del cine en tanto que empresario innovador. Pero hasta ahí.

Porque nada peor que escucharle sentar cátedra sobre el arte y la crítica cinematográfica. La semana pasada, mismamente, en una entrevista concedida al diario alemán Der Spiegel el director americano hacía gala, no sólo de la hipocresía típica de los progreyupis californianos (“allí no se puede vivir. Quizás me mude pronto“) sino de una gigantesca caradura al afirmar cosas como que “Hollywood tiene una crisis de historias (…) Ahora mismo está regido por el negocio de las continuaciones (…) Esto quiere decir que se rueda una segunda parte de algo que ya tuvo éxito porque todo el mundo en Hollywood sabe lo importante que es que una película se convierta en una marca antes de llegar a los cines“.

Lo criticable no es, lógicamente, lo que dice (tiene toda la razón) sino que sea él precisamente quien lo afirme. Un hombre que con su último bombazo no hizo más que un avatar propiamente dicho de Pocahontas y que está preparando no una, sino dos secuelas del mismo. Un poquito de por favor, James.