Archivo para Dogville

HOY, A LAS 22, “LA OLA”

Posted in Noticias de cine with tags , , on abril 4, 2011 by JJMercado

Hoy, a las 22:00, pasan por La 2 la película La ola. No hace mucho me refería a ella como una de las películas que había visto últimamente en las que mejor quedaba patente la peligrosa facilidad con la que el ser humano puede ser víctima (a la par que verdugo) de engrosar las filas del totalitarismo. Las otras dos eran My good enemy y Dogville.

En la película de hoy, basada en hechos reales sucedidos en los EEUU, un profesor de políticas decide hacer junto a sus alumnos un experimento para tratar de explicar cómo pudo Hitler conseguir tantísimos acólitos para su causa. Así, llegarán a crear un grupo ficticio llamado precisamente La ola, con sus miembros numerarios, su logotipos, sus consignas, sus vestimentas… que irá creciendo poco a poco hasta llegar a convertirse en algo más que un experimento y dar como resultado algo mucho más trágico que lo que en principio se suponía.

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MY GOOD ENEMY (O LAS CONSECUENCIAS DEL PODER)

Posted in Opiniones with tags , , , , , on marzo 21, 2011 by JJMercado

Actualmente no es fácil encontrar obras en las que se condene inmisericordemente al poder. La moraleja común, muy al contrario, viene a decirnos que lo malo es que el poder suele estar en manos equivocadas. Que los malvados han sido quienes han llegado antes y se han hecho con el trono a fin de humillar a los pobrecitos débiles. El fallo del argumento, ya digo, es que lo que hace malvados a los malvados y débiles a los débiles es precisamente la tenencia del poder. No existen tales categorías estancas previamente a la ocupación del mismo y es el poder quien a posteriori divide en grupos. Todos los tiranos que en el mundo han sido pasaron antes a engrosar el abultado grupo de los débiles. Después, fue el poder quien les hizo lo que fueron.

En los últimos tiempos he visto tres películas que reflejan todo esto a la perfección. La primera, hace un par de años, fue La ola. La segunda, ya comentada aquí, Dogville. La tercera la vi ayer.  Se llama My good enemy (Min Bedste Fjende), es danesa y ha pasado por el mundo sin pena ni gloria. A mí, sin embargo, me ha gustado mucho.

En ella se cuenta la historia de un par de chavales que, hartos de sufrir malos tratos por parte de algunos de sus compañeros, deciden cambiar la situación. Inspirados por un cómic, llegarán a olvidar todo cuanto ha marcado hasta entonces sus vidas y crearán un club con el único objetivo de dar un escarmiento a sus malvados colegas de pupitre. En el proceso, además de probar el dulce sabor de la venganza, experimentarán la intensa sensación de saberse poderosos. Así, mientras el club crece a costa de todos cuantos hasta entonces se habían sentido humillados en el colegio, ambos amigos tomarán un rumbo diferente al descubrir las macabras consecuencias que el poder acarrea.

La película, muy bien interpretada y con un guión clásicamente milimetrado en tres actos de 30 minutos, no duda en tomar partido a favor del rechazo pleno del poder, una vez desarrollada, a través de unos personajes estupendamente definidos,  la transformación que su tenencia inexorablemente provoca. En palabras del economista Carlos Rodríguez Braun, podríamos decir que se inclinaría más hacia El señor de los anillos que hacia La guerra de las galaxias:

El señor de los anillos, una obra contra el poder. Los sabios no lo quieren, porque son conscientes de su capacidad de destrucción, pero los hombres en el fondo desean poseerlo. Toda la aventura apunta al lema de Edmund Burkeforce is evil. El poder del anillo puede hacer muchas cosas buenas, pero es imprescindible frenarlo. Al revés de La guerra de las galaxias, aquí la Fuerza no es el bien sino sobre todo el mal. El poder socava la convivencia, agita la disensión entre los buenos, y sólo salvan la situación los pequeños, los hobbits, el joven Frodo que se atreve a llevar el anillo hacia el mal, que está –es un libro antiguo– en el Este. Mientras que Gollum, como los demás, ama y odia al anillo, con aparente razón, porque puede cumplir un papel bueno y malo, el héroe lo tiene claro: Frodo no lo quiere. Tal es el mensaje liberal por antonomasia: el poder es peligroso, aunque pueda hacer el bien. Y la lucha por la libertad es una aventura constante, con peligros siempre al acecho, con amenazas dentro de la propia comunidad, para un héroe que, en máxima expresión de debilidad, siempre va descalzo.”

PS: Aquí puede verse online.

DOGVILLE, UNA JOYA

Posted in Cine independiente, Opiniones with tags , , , , , , on febrero 19, 2011 by JJMercado

Es por todos conocida la vieja frase de John Ford: las tres cosas más importantes para una buena película son el guión, el guión y el guión. Orson Welles (que llegaría a decir que sus tres directores favoritos eran Ford, Ford y Ford) apostaba sin embargo por el montaje como punto clave del resultado final. Alfred Hitchcock, quizá con más acierto aún, dijo al respecto que sólo podía decir dos palabras: Billy Wilder.

Desde luego los tres tenían razón y no seré yo quien venga ahora a enmendar la plana a tales gigantes. Sin embargo, siempre me ha parecido acertado aplicar al cine una máxima que alguien aplicara a las canciones según la cual una buena película sería un buen guión, un buen director, unos buenos actores, una buena producción “y algo más, que nadie sabe lo que es, pero que es lo más importante”.

Porque hay cientos de películas con guiones redondos, buen reparto, profundidad en la trama, estupenda dirección, grandes recursos… pero muy pocas son Casablanca o El Padrino o Ciudadano Kane o Centauros del desierto o Manhattan. Y desde luego, hoy día, pocas, muy pocas, son Dogville.

Dogville cumple perfectamente con todas las características objetivas que deberían transportarla automáticamente y en coche vip a los cielos del cine. Sin embargo, sólo el “algo más” que decíamos hace que nos impacte y nos atrape como lo hace. Lo cual tiene un mérito extra tratándose de todo cuanto envuelve la trama que nos presenta. Porque es una de las películas más extrañas y originales que uno pueda ver.

Rodada íntegramente en un antiguo almacén de tanques, el pueblo de Dogville, donde se desarrolla toda la acción, aparece en la pantalla delineado con tiza en el suelo de la inmensa nave industrial. No hay paredes, apenas hay mobiliario y el recinto queda delimitado por paneles de luz que van cambiando del encendido al apagado. Como si de un escenario teatral se tratase, el espectador, a modo de divinidad omnipresente, se encuentra en todo momento con la posibilidad de ver lo que pasa en la totalidad del pueblo, sin ningún tipo de limitación física. Este recurso, originalísimo y arriesgado (sobre todo por la capacidad de concentración que exige), es sin duda lo primero que atrapa a quien decide aceptar la mano tendida por el polémico director Lars von Trier, quien logra sacar del mismo un partido extraordinario,  muy de agradecer y desde luego con un mérito colosal.

La película narra las andanzas de Grace (Nicole Kidman) quien logra, tras una desesperada huida, llegar a Dogville. Éste es un pueblo singular, muy marcado por la vida comunal de sus extraños y escasos vecinos. Entre ellos está Tom Edison (Paul Bettany), joven filósofo y aleccionador moral del vecindario, quien decide convencer al escéptico grupo para que, a pesar de ser buscada por la policía y ser una fugitiva de la mafia, a cambio de que Grace les ayude con algo de trabajo, en compensación, en sus respectivas casas. Pese a que en principio los vecinos muestran cierta amabilidad y llegan a aceptarla como una más, pronto empezarán a hacer uso del poder que les ha sido concedido hasta llegar, en un interesantísimo proceso de degradación moral, a anularla por completo como ser humano.

Von Trier nos habla así del inmenso peligro que tiene la capacidad de poder de unos sobre otros, siendo indiferente que hablemos de gente acostumbrada a ello o de simples desamparados. En la película son tratados a la par los mafiosos con pistolas y  los, en principio, pobres olvidados. Todos, una vez disueltas las circunstancias sociales que les separan, acabarán comportándose de igual modo si el arma del poder cae en sus manos.

En Dogville  todo se sostiene gracias a una magistral interpretación del reparto (por primera vez me ha gustado mucho Kidman), la impactante solidez del guión, con su épico y sorprendente final, y la personalísima mano del propio von Trier. Todo eso y “algo más” hacen de ella una joya al alcance de cualquiera.