Archivos para billy wilder

WOODY ALLEN PARTIDO EN CUATRO

Posted in Woody Allen with tags , , , , , on junio 5, 2011 by JJMercado

Lo dijo hace tiempo Francis Ford Coppola: “Woody Allen se sienta, escribe el guión, se levanta y hace la película, y hace una tras otra. Él nunca filmaría un libro de Grisham. Su carrera es la que más respeto me merece. Siempre deseé ser capaz de hacer lo que él hace”.

Hoy todo esto sigue siendo verdad y Allen sigue estrenando año tras año una película que él mismo ha imaginado, construido y conseguido que alguien pague. Es verdad que para esto último hace ya tiempo que ha tenido que mudar de continente, pero por ahora no ha encontrado grandes problemas.

A ese ritmo es normal que el nivel de calidad sea irregular. Es verdad que no ha vuelto a estrenar Manhattan o Annie Hall (es uno de los tópicos más ciertos que como éstas, ninguna) y yo no sé, sinceramente, si es porque no ha querido o porque no ha podido. En cualquier caso, entrar a criticar con malicia una película suya es elevar el nivel de exigencia hasta un punto que nos obligaría a quemar antes de estrenar el 98% del cine actual. Y no estamos para eso.

Suele decirse que las películas de Woody Allen son todas iguales, y nada más falso. Lo que no quita para aceptar la similitud de todas las que podrían enmarcarse en una misma categoría woodyalleniana, de las que para mí existen cuatro a lo largo de toda su obra. A saber, “la trama al servicio del guión” (a su vez dividido en versión ligera, Sucedió en Manhattan, y profunda, Match Point); “el guión al servicio de la trama” (aquí tendríamos, por ejemplo, desde el primer Allen de Coge el dinero y corre hasta su cima, con la pareja citada más arriba); “el todo al servicio de una idea” (La rosa púrpura de El Cairo); y la, para mí, más floja por su innegable punto pretencioso (y la más querida por el esnobismo pedantón, claro), que podríamos llamar “búsqueda del equilibrio” (Interiores, Otra mujer).

Estas cuatro categorías que, con los salpicones forzados por las sensatas peticiones de los productores, pueden formar una clara evolución del cine de Woody Allen en mi opinión quedan cerradas en 2005, con el estreno de Match Point, cuando deja claro (al público y a él mismo) que es capaz de dominar todas las categorías que antes he descrito. Desde entonces nada ha sido nuevo.

Allen es, pues, un cineasta que se hace a sí mismo y a sí mismo se pone los retos. Él no sale a conquistar géneros a lo Billy Wilder o Howard Hawks. Él, por inventar, inventa hasta los retos a conseguir y eso es quizá lo que hace de él un tipo único y raro. El tipo al que envidia la industria entera, como reconocía Coppola. El tipo, en fin, que acertadamente dijo: “Yo no estudio ni estudié en una escuela de cine. Las escuelas de cine me estudian a mi”.

PS: Ya otro día hablaré de Midnight in Paris, que es lo que tocaba hoy y me he enrollado con esto…

¿COPIA SECUESTRADOS A FUNNY GAMES?

Posted in Cine en español, Noticias de cine with tags , , on febrero 25, 2011 by JJMercado

Son varios los que, antes de haberla visto, andan ya haciendo ruido con balas de fogueo. Como Secuestrados muestra el asalto violento de un pacífico hogar por parte de una banda de delincuentes, les ha salido en el raquítico Google de su cerebro un solo resultado de búsqueda: Funny Games.

Contaba Billy Wilder (quien por cierto sí plagió la anécdota de un famoso novelista que no desvelaremos por no traicionar demasiado al maestro) que un día se levantó especialmente feliz. Tenía la costumbre de mantener una libreta y un lápiz siempre dispuestos en su mesilla de noche a fin de poder apuntar rápidamente lo que pudiera ocurrírsele por la noche y aquella mañana tenía el vago recuerdo de haber dado con algo bueno antes de dormirse. Cuando cogió su libreta leyó: chico conoce a chica. Verdaderamente, es una historia estupenda. Tanto que ha sido, es y seguirá siendo siempre la base de una gran parte de películas y novelas y obras de teatro… sin que a nadie se le ocurra además acusarle a uno de nada.

De esto habla hoy Miguel Ángel Vivas, coguionista y director de Secuestrados, en un interesante post en el que enfrenta las críticas mencionadas.

Pongamos unos ejemplos para explicar esto. La Cenicienta es una historia universal y por tanto repetida a lo largo de la historia en diferentes relatos. Es fácilmente perceptible su comparación con Pretty Woman. Todo el mundo identificó esta película desde el primer momento como una cenicienta moderna –la propia Julia decía en el filme que quería el cuento completo-. Pero sin embargo poca gente se da cuenta de que también Carrie es la Cenicienta, aunque en una clave siniestra. ¿Son estas dos películas una copia consecutiva del cuento original? Por supuesto que no. (…) Por supuesto, Funny Games es una película que he visto y admiro y que –sería estúpido negarlo- he tenido en cuenta a la hora de plantear escribir Secuestrados. Pero sinceramente insisto en que son dos películas tan distintas como Carrie puede serlo de Pretty Woman.

DOGVILLE, UNA JOYA

Posted in Cine independiente, Opiniones with tags , , , , , , on febrero 19, 2011 by JJMercado

Es por todos conocida la vieja frase de John Ford: las tres cosas más importantes para una buena película son el guión, el guión y el guión. Orson Welles (que llegaría a decir que sus tres directores favoritos eran Ford, Ford y Ford) apostaba sin embargo por el montaje como punto clave del resultado final. Alfred Hitchcock, quizá con más acierto aún, dijo al respecto que sólo podía decir dos palabras: Billy Wilder.

Desde luego los tres tenían razón y no seré yo quien venga ahora a enmendar la plana a tales gigantes. Sin embargo, siempre me ha parecido acertado aplicar al cine una máxima que alguien aplicara a las canciones según la cual una buena película sería un buen guión, un buen director, unos buenos actores, una buena producción “y algo más, que nadie sabe lo que es, pero que es lo más importante”.

Porque hay cientos de películas con guiones redondos, buen reparto, profundidad en la trama, estupenda dirección, grandes recursos… pero muy pocas son Casablanca o El Padrino o Ciudadano Kane o Centauros del desierto o Manhattan. Y desde luego, hoy día, pocas, muy pocas, son Dogville.

Dogville cumple perfectamente con todas las características objetivas que deberían transportarla automáticamente y en coche vip a los cielos del cine. Sin embargo, sólo el “algo más” que decíamos hace que nos impacte y nos atrape como lo hace. Lo cual tiene un mérito extra tratándose de todo cuanto envuelve la trama que nos presenta. Porque es una de las películas más extrañas y originales que uno pueda ver.

Rodada íntegramente en un antiguo almacén de tanques, el pueblo de Dogville, donde se desarrolla toda la acción, aparece en la pantalla delineado con tiza en el suelo de la inmensa nave industrial. No hay paredes, apenas hay mobiliario y el recinto queda delimitado por paneles de luz que van cambiando del encendido al apagado. Como si de un escenario teatral se tratase, el espectador, a modo de divinidad omnipresente, se encuentra en todo momento con la posibilidad de ver lo que pasa en la totalidad del pueblo, sin ningún tipo de limitación física. Este recurso, originalísimo y arriesgado (sobre todo por la capacidad de concentración que exige), es sin duda lo primero que atrapa a quien decide aceptar la mano tendida por el polémico director Lars von Trier, quien logra sacar del mismo un partido extraordinario,  muy de agradecer y desde luego con un mérito colosal.

La película narra las andanzas de Grace (Nicole Kidman) quien logra, tras una desesperada huida, llegar a Dogville. Éste es un pueblo singular, muy marcado por la vida comunal de sus extraños y escasos vecinos. Entre ellos está Tom Edison (Paul Bettany), joven filósofo y aleccionador moral del vecindario, quien decide convencer al escéptico grupo para que, a pesar de ser buscada por la policía y ser una fugitiva de la mafia, a cambio de que Grace les ayude con algo de trabajo, en compensación, en sus respectivas casas. Pese a que en principio los vecinos muestran cierta amabilidad y llegan a aceptarla como una más, pronto empezarán a hacer uso del poder que les ha sido concedido hasta llegar, en un interesantísimo proceso de degradación moral, a anularla por completo como ser humano.

Von Trier nos habla así del inmenso peligro que tiene la capacidad de poder de unos sobre otros, siendo indiferente que hablemos de gente acostumbrada a ello o de simples desamparados. En la película son tratados a la par los mafiosos con pistolas y  los, en principio, pobres olvidados. Todos, una vez disueltas las circunstancias sociales que les separan, acabarán comportándose de igual modo si el arma del poder cae en sus manos.

En Dogville  todo se sostiene gracias a una magistral interpretación del reparto (por primera vez me ha gustado mucho Kidman), la impactante solidez del guión, con su épico y sorprendente final, y la personalísima mano del propio von Trier. Todo eso y “algo más” hacen de ella una joya al alcance de cualquiera.

AHORA SE EXPLICA LO DE LOS COHEN

Posted in Listas, Noticias de cine with tags , , , , , , on enero 30, 2011 by JJMercado

Ya hablamos aquí hace no mucho de la decepción que provoca el western con el que los Cohen, por otra parte, han conseguido hacerse con un buen puñado de nominaciones a los Oscar. Como dijimos entonces, la película carece de casi todos los caracteres propios de un western serio y honrado, que va mucho más allá de sombreros, pistolas y caballos.

Ya de entrada sorprendió la elección del guión a versionar. Tue grit destacó siempre, más allá de la historia, por la genial interpretación de John Wayne (y eso es imposible versionarlo, claro). Lo que ahora ya no sorprende tanto es la lista que los famosos hermanos han confeccionado destacando los westerns que más les han influido. A saber: 1) Hasta que llegó su hora; 2) El fuera de la ley; 3) Greaser’s Palace; 4) Duelo a muerte en O.K. Corral; y 5) El juez de la horca.

Ante esto, cualquiera que haya visto más de dos westerns en su vida podría pensar que simplemente los Cohen pretender epatar al personal haciéndose los raritos. Sin embargo, todo aquel que además haya visto su última película no sólo no dudará de su honestidad sino que sabrá explicarse el resultado.

Hoy día, quien quiera enfangarse en ese dificilísimo género (Wilder nunca dio el paso) sólo podrá optar entre la originalidad de contar la historia del viejo oeste americano como realmente nos dicen hoy los datos que fue (desde luego, no tan salvaje) o la profundidad y la estética de los grandes clásicos (ausentes todos en la lista de los Cohen). Pocas veces se ha optado por la primera vía (quizá La puerta del cielo) y muchas por la segunda, con resultados generalmente muy malos. De entre quienes lo han conseguido, desde luego cabría citar a Eastwood, con Sin perdón.

También los hay que han optado por una suerte de western tuneado a modo de tercera vía y que han salido muy bien parados. Un ejemplo destacado sería el de Tarantino con Kill Bill. Una película (o dos) que tiene más de Ford o, sobre todo, del mejor Leone por fotograma que las dos horas juntas de True Grit.

DECEPCIONAN, LOS COHEN

Posted in Opiniones with tags , , , , on enero 24, 2011 by JJMercado

Fallan los Cohen. Decepcionan y mucho a los que, como yo, se ilusionan al descubrir que alguien osa meterle mano al western. Desde luego cabe atribuirles el valor de acudir a un género dificilísimo, pero nos es imposible dar por buena la aventura.

A bote pronto, me vienen a la cabeza dos intentos salvados con dignidad (por razones de más o menos altura) en los últimos años: Apaloosa y El tren de las 3:10. Nada más. Y nada menos, claro, pues salir airoso del único género con el que no se atrevió alguien como Billy Wilder no es tarea fácil. Porque un western es algo más que colocarles cananas a unos barbudos, levantar pueblecillos de  madera y filmarle reflejos a la estrella de un sheriff. Un buen western es una lección moral, es un ritmo agotador, es un paisaje profundo y unas miradas capaces de recitar párrafos de Shakepeare. Algo que sólo ha conseguido, por ejemplo, John Ford o Sergio Leone o Howard Hawks o John Wayne o Clint Eastwood. Algo, en fin, de lo que se han quedado muy lejos los hermanos Joel y Ethan Cohen.

Es difícil saber por qué, puestos a meterse en faena, eligieron True Grit (Valor de ley) como guión a versionar. No es, desde luego, uno de los más apropiados para destacar aunque bien es cierto que esto podría ser considerado también como un factor favorable a la hora de trabajar en él y tomarlo como reto. En cualquier caso, el resultado es bastante pobre.

La película nos cuenta la historia de una niña que, tras ver cómo el asesino de su padre consigue huir impunemente, decide perseguirlo hasta poder darle caza y hacerle pagar con el justo castigo de la horca. Para ello, contratará los servicios de un viejo sheriff. Ambos, con la ayuda de un Ranger de Texas que anda también persiguiendo al mismo hombre, aún por motivos distintos, emprenderán una aventura en busca del forajido.

Pese a que la narración arranca con una cita bíblica acerca de la necesidad de perseguir a los culpables y vemos (disfrutamos, incluso) durante los primeros minutos de metraje cómo la protagonista femenina (Hailee Steinfeld), impulsada por la fuerza moral de hacer justicia, no descansa hasta dar con quien se comprometa a ayudarla en su misión, el espectador pronto percibe cómo la película comienza a desinflarse para no parar hasta el final. Pasados esos primeros 30-45 minutos la historia se nos vuelve de una superficialidad alarmante, con unos personajes estereotipados, sin conexión alguna y faltos de la más mínima profundidad. Steinfeld, que como hemos dicho nos hace disfrutar durante la primera parte con su empuje, termina siendo un personaje secundario ensombrecida por las dos grandes estrellas de la película, Jeff Bridges y Matt Damon. El primero salva el papel, lo que en ningún caso es suficiente cuando quien lo hizo antes que tú fue capaz él solito de salvar la película entera, ganar un Oscar y, lo más difícil de todo, llamarse John Wayne. El segundo, en su papel de Ranger rubio y bigotudo, llega a provocar en ciertos momentos vergüenza ajena. Probablemente la culpa deba recaer más en el equipo de arte que en su propia actuación, pero en a mi nunca no me quitó de la cabeza la idea de ir vestido de cowboy en una fiesta de disfraces.

Con todo ello, y sin una dirección o una fotografía que destacar, la película se queda en nada. Un intento torpe de meterse en un jardín sólo abierto a unos pocos elegidos. Ya lo cantaban algunos: Manolete, si no sabes torear…

También en esto (como en todo) consiguió acertar el viejo Wilder.

MI REGALO DE REYES

Posted in Series with tags , , on enero 5, 2011 by JJMercado

Creo, por la gente de mi entorno, que aún hay muchos que le conocen. Al menos no concretamente a este que traigo hoy aquí. Yo lo descubría hace apenas una semana, por casualidad, buscando por la red cosas completamente distintas (gracias, Mr Google). Se trata, ni más ni menos, que de una nueva versión de el mítico Sherlock Holmes, esta vez en forma de serie rarísima y buenísima.

Confieso que en lo referente al afamado detective soy un doble pecador (por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa) y que mis actos serían causa inmediata de expulsión (afortunadamente) de cualquier club cinéfilo, pero las cosas claras: ni creo que el S.H. de Billy Wilder forme parte de sus cinco mejores películas, ni creo que sea en absoluto despreciable su última aparición en pantalla de la mano de Guy Ritchie. Es más, me pareció de lo más entretenida.

No obstante, este Sherlock del que hablo hoy, poco tiene que ver con nada que se halla visto hasta ahora, lo que ya es de por sí un mérito enorme. La serie que felizmente ha producido Hartswood Films para la BBC actualiza radicalmente al personaje insertándolo con un acierto sorprendente en el presente más radical, con un detective que, abandonando la lupa y la pipa, se nos presenta como un dominador de las nuevas tecnologías, haciendo uso propio de móviles y portátiles para resolver sus casos. Y todo ello sin perder ni una brizna del carácter que dibujara Conan Doyle.

Con un reparto discreto (pero estupendo), el Londres de hoy como escenario, una dirección agilísima y unos guiones francamente buenos y cargados de guiños a los aficionados más ortodoxos la serie cuenta, en su primera temporada, con sólo 3 capítulos de unos 90 minutos cada uno (por eso dije lo de “rara”) amén de un episodio piloto sólo disponible en su edición en DVD. Afortunadamente, ya está firmada una segunda temporada con una estructura idéntica para ser emitida en otoño de este año que acabamos de estrenar.

Así que dicho queda. Quien acuda a ella creo que no se lamentará. Ya lo dijo Borges (que lo dijo todo): “pensar de tarde en tarde en Sherlock Holmes es una/ de las buenas costumbres que nos quedan”.

LA MEJOR MANERA DE EMPEZAR EL AÑO

Posted in Opiniones with tags , , , on enero 1, 2011 by JJMercado

Pasada ya la noche de los frikis vivientes –todos tienen derecho a tomar la ciudad y la noche del 31 le corresponde a la muchachada hortera que se disfraza con faldas y corbatas recién compradas- es hora de estrenar el nuevo año. Estos pobrecillos a que nos referimos no podrán empezar hoy, claro, pues su resaca de ron barato no se lo permitirá, pero para el resto quizá el cine pueda suponer un buen empuje con el que afrontar este 2011 que se nos han venido encima.

Creo que nada mejor como El apartamento para empezar con buen pie, esa obra maestra de Billy Wilder que nos cuenta, por encima de todo, la historia de dos buenas personas. Es verdad que Buddy Baxter (el mejor Jack Lemmon, que ya es decir) se pasa la vida descansando a duras penas entras las sábanas aún calientes de su propio apartamento, que presta sin parar a sus jefes para que se desfoguen discretamente con sus conquistas a cambio de una promesa de ascenso que finalmente llegará; y es verdad que Fran Kubelik (Shirley Mc-Laine, excelente y guapa como siempre) vive, más allá de su puesto de ascensorista en la oficina, una vida de lujos a costa de fingir amar a uno de los jefazos. Todo es así, ya digo, pero no tanto. Y todo es verdad, pero tampoco. Porque por encima de todo, Baxter y Kubelik son dos pobres inocentes que no se atreven a saltar en marcha de una vida que les arrastra ciegamente hacia metas que, en su día, parecían prometer alegría eterna y que, una vez cumplidas, no les han servido para nada. Y así, cansados de la inercia y la insatisfacción se ven, llegada la Nochevieja, a consecuencia de sendos golpes encima de la mesa y un travelling inolvidable, empezando un nuevo año de la mano de la mayor felicidad imaginable.

Por eso y mucho más, nada como El apartamento para empezar, si no tan alegremente como Lemmon y Mc-Laine, sí con el optimismo y las fuerzas necesarias esta nueva década, la segunda ya del siglo XXI.

Como curiosidad, decir que cuando la película fue estrenada en el Berlín comunista varios de los capos soviéticos se mostraron encantados y felicitaron por ello a Billy Wilder: por fin, le dijeron, una película americana que muestra las mezquindades de la sociedad capitalista, donde el individuo, reducido a un simple número en su oficina, se ve obligado a cometer verdaderas inmoralidades a cambio de su propio progreso. Wilder, educado como era, se levantó, agradeció el elogio y puntualizó explicando que

lo que se mostraba en El apartamento en realidad podía pasar en todas partes: tanto en Tokio como en Londres, en París como en Munich. Sólo había una ciudad en el mundo donde una cosa así no podría suceder, en Moscú. Aplausos halagados de los invitados en Die Möwe. En moscú no habría podido suceder –seguí yo- porque a Lemmon le habría resultado imposible alquilar allí su apartamento, ya que tendría que compartir la vivienda con otras tres familias.

Nadie es perfecto”. Billy Wilder y Hellmuth Karasek. Página 387.