Archivo para berlanga

EL GRAN (EJEM) VÁZQUEZ

Posted in Opiniones with tags , on enero 20, 2011 by JJMercado

Me llamó la atención en su día el tráiler. Ambientada en la Barcelona del tardofranquismo, la película nos muestra parte de las peripecias vitales de Manuel Vázquez, famoso dibujante de cómics español que alcanzó el éxito gracias a personajes como “Anacleto, agente secreto” o “El tío Vázquez”. Ayer, como vi que andaba colgada en una de esas webs que la Sinde nos quiere censurar me lancé a verla (véase cómo, en el peor de los casos, la producción de la película no ha perdido nada con mi acción: de no haber estado colgada, simplemente no la habría visto nunca).

Vázquez, además de dibujante, era un pícaro, un caradura, un vivalavirgen. Un personaje típico español, vamos, llevado al extremo y, lo que es más difícil, a la vida real. Se pasaba la vida timando a la gente, debiendo dinero, cambiando de vecindario cuando ya era demasiado conocido. Llegó a mantener relaciones estables, superpuestas o no, con 7 mujeres, dejando un reguero de 11 hijos, alguno de los cuales empeñado en seguir las andanzas del pater. Dio con los huesos en prisión 3 veces. Mantuvo tensas relaciones con su editorial de siempre, Bruguera, que terminaría hartándose de sus andanzas. Y hasta tal punto fue incapaz de cambiar que pocos días antes de morir supo dar su último golpe al cobrar un trabajo post-mortem tras fingir su propio suicidio.

Con todos estos ingredientes, desde luego historia había. Por eso digo que me llamó la atención el tráiler en su día. Y por eso me animé ayer a verla. Pero hablamos de cine español, claro, y la cosa no podía terminar bien. La película, a excepción de la fotografía, la música y, siendo benévolos, la interpretación de Álex Angulo, no pasa de ser, en sus mejores momentos, un quiero y no puedo cuando no, en sus peores, un bodrio importante. Rematadamente mal está Santiago Segura demostrando que es y será siempre Torrente. Horrible hasta la nausea está el maquillaje y la peluquería (el disfrazado más cutre de los carnavales de Cádiz a las 6 de la mañana se coloca mejor una calva postiza que el personaje de Ibáñez en esta película o la barriga-cojín de Segura en las escenas finales). Pésima la dirección en su manejo de la cámara y los actores. Y pobre, muy pobre, un guión que disponía de muchísimas facilidades dadas las anécdotas reales de la vida de Vázquez (incluso el hecho de haberle conocido personalmente por parte de Óscar Aiba, director y guionista) y que no pasa de ser algo superficial y, en los momentos importantes de la película, poco o nada creíble. No sorprende, pues, que pese a los 4,3 millones de euros de presupuesto sólo recaudara 850.000 (vivan las subvenciones).

Por lo general, no me gusta evocar el manriqueño “cualquiera tiempo pasado fue mejor” pero ante casos así, a uno le es imposible jugar a imaginar la trama en manos de Berlanga y Azcona con José Luis López Vázquez en su papel principal. Sólo por el gusto que da pensar en lo que podría haberse conseguido vale la pena ver la película (que, pese a todo, dada la fuerza de la biografía real del personaje, no ha llegado a aburrirme).

FIN DE AÑO MADE IN BERLANGA

Posted in Berlanga with tags , on diciembre 30, 2010 by JJMercado

Acaba el año, acaba la década y ninguna película refleja tan bien este redondo acabar, aún siendo mucho más, claro, como París Tombuctú. En ella, aprovechando el agotamiento del milenio pasado, Berlanga no sólo le dio un final apocalíptico a la cinta sino que, con ella, le puso el punto definitivo a su monumental carrera.

A mí me cuesta mucho encontrar una película en la que terminen tantas cosas y tan importantes. Y desde luego muy pocas que dejen un sabor tan agridulce, con especial carga de lo agrio, en el paladar de uno. No sólo por el metafórico fin cinematográfico de Berlanga (con ese poderosísimo cartel (“Tengo miedo L.” que, contra lo que todos hemos pensado alguna vez no fue un deseo personal del director ni, mucho menos, su testamento artístico/vital sino una jugarreta de los guionistas, pese a que el resultado nos siga emocionando igual) o por el Cambalache de Aute (este sí es de suponer que ha sido elegido por el propio Berlanga con un mensaje parecido) sino por la representación de la continua huída hacia adelante (“somos los que se van”, dijo Borges), de esa constante búsqueda sin salida ni solución óptima que todos sufrimos y que fundamenta la base de la película.

PS: Yo no sé si es apropiado, en estas fechas, meternos en estos jardines (en cualquier caso, esta película lleva mucho tiempo en mi Top Ten). Por eso mañana, para compensar, recurriremos a otra Nochevieja de cine. Y no a cualquiera, sino a la más remotamente tierna que se haya filmado nunca.

UN OLVIDO DELATOR

Posted in Berlanga, Noticias de cine with tags , , on diciembre 6, 2010 by JJMercado

El pasado sábado día 4 tuvo lugar en Tallin la gala de la European Film Academy. Nada bueno puede decirse de ella. Primero, por concederle a The writer, de Polanski, las dos orejas y el rabo (a mi entender, el director polaco no supo sacarle ni mucho menos el partido que tenía a un toro bien hecho y encastado como el thriller político que escribiera Robert Harris). Y segundo, y mucho más importante, por haber caído en el mayor de los ridículos al no saber recordar entre sus caídos –como sí se hizo con Mario Monicelli y Claude Chabrol- a Luis García Berlanga. Pocos nombres podrán enumerarse de su altura e importancia y, desde luego, de entre esos pocos, ninguno de los que sí se acordaron.

Con ambos gestos –mucho más con el segundo que con el primero, sin duda- la academia se retrata/delata. Menos mal que a Berlanga, de enterarse, se la hubiera traido floja, claro.

EL VERDUGO: TRES ESCENAS Y UN SONIDO.

Posted in Berlanga, Opiniones with tags , on noviembre 23, 2010 by JJMercado

Berlanga ha muerto, viva Berlanga. Y lo tendrá fácil. Él, como otros pocos genios de las artes (con qué facilidad se regala habitualmente la palabra…) tienen, como recompensa al trabajo bien hecho, garantizado el pase vip a la posteridad. Boyero decía el otro día que ese don le venía dado por Plácido y El verdugo. Para mí, podrían fácilmente añadirse a la lista tanto su Trilogía Nacional como su París-Tombuctú, de las que hablaré otro día.

Decir El verdugo es decir cine. En ella, Berlanga nos habla de un poder capaz de corromper a las personas, de la masa que aplasta al individuo tema desde luego no caducado, pese a la muerte de aquel régimen político en que se desarrollaba la película. Hoy mismo podríamos usar la metáfora berlanguiana (¿para cuándo la inclusión oficial del adjetivo en la RAE?) del verdugo para explicar el núcleo mismo de nuestro mal llamado estado del bienestar. Recordemos que la razón por la que Nino Manfredi se ve avocado a coger el relevo en el cargo de ejecutor es precisamente el acceso a un piso de protección oficial. No está de más recordar aquí la vieja e insuperada definición de Bastiat según la cual el Estado no es sino la gran ficción mediante la cual todos pretenden vivir a costa de los demás.

Para mí, tres son las escenas imborrables que Berlanga aportó a la historia del cine con esta película: en primer lugar, la escena de la boda de la pareja protagonista, entrando a la iglesia nada más terminar la ceremonia nupcial de otra pareja de rango social mucho más elevado, mientras los monaguillos van interrumpiendo el acto según van quitando los adornos que a ellos no les corresponden: las flores, las butacas de terciopelo e incluso las velas de los candelabros que hacen que prácticamente queden a oscuras. En segundo lugar, la celebérrima escena de las Cuevas del Drach, con la pareja de Guardia Civiles llamando a Manfredi desde las aguas, altavoz en mano. Y en tercer lugar, y quizá más representativa e inolvidable por lo que de visual y trabajado tiene, la escena casi final de la película en la que, a través de un amplio y desierto patio interior, se dirigen verdugo, reo y autoridades a celebrar la ejecución divididos en dos grupos: unos acompañando al futuro ajusticiado y otros, con mucho más trabajo, tratando de animar al pobre verdugo cuyo sombrero, en el forcejeo, queda caído en medio del recinto, solitario, hasta que un guardia vuelve corriendo a recogerlo, como no dejando que nada de él quede fuera en el momento de la verdad.

Y por encima de esto, a modo de tétrico hilo musical, el sonido metálico de los hierros en la bolsa de trabajo del verdugo. Pocas veces un efecto sonoro ha sido tan efectivamente visual.

Bendito sea Berlanga. Amén.