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ROCKY NO ESTARÍA EN SOL (I)

Posted in Uncategorized with tags , , on mayo 23, 2011 by JJMercado

Han pasado las elecciones y en la Puerta del Sol se sigue adorando la servidumbre voluntaria. Creo que toda persona respetable, con algún libro importante en su mochila y algún que otro viaje por el mundo debe saber que:
1. La masa anula al individuo.
2. Si además la masa se ha formado con intención política es altamente probable que, antes o después, tienda a la violencia.
3. Si la intención política consiste en pedir más servidumbre, su triunfo refuerza el punto 1 y asegura el 2.
4. Si la servidumbre se pide de un modo inconsciente la masa, además, adolece de un analfabetismo que no hará sino enfatizar el punto 3.
5. Si a todo esto se suma la cobardía, la falta de responsabilidad y el carácter pusilánime de los aplaudidores de la masa, la ecuación nos da como resultado lo que está aconteciendo (sine die) en Sol: la rebelión de la chusma.
Para que todo ello no suceda, no está de más recordar una escena en la que Stallone –ese gran cineasta, claro que sí- nos advertía por boca de Rocky Balboa de cómo uno no debe enfrentarse a los golpes de la vida culpando al resto y exigiendo responsabilidades a otros que no sean uno mismo. Vamos, lo que están haciendo los indignados.

DON CORLEONE ESTÁ EN SOL

Posted in Uncategorized with tags , , , on mayo 22, 2011 by JJMercado

El pueblo es el que se avasalla y se degüella a sí mismo, el que pudiendo escoger entre ser sometido o ser libre, rechaza la libertad y acepta el yugo; el que consiente su mal o, mejor dicho, lo busca. Étienne de La Boetié.

Indignadas. Así dicen estar las miles de personas que llevan ya una semana a voz en grito en la Puerta del Sol. Lo que empezó en una sentada a modo de protesta contra la policía se ha convertido en todo un movimiento social integrado por la más heterogénea masa.

Primero fueron los cabecillas izquierdistas, ésos que ahora duermen y se reúnen allí mismo en asamblea y que, por aquello de dejar claro que las clases existen y siempre existirán, se refugian del sol bajo carpas, como los generales romanos, y deciden las consignas que después todos deberán corear al unísono.

Luego llegó el grueso de la tropa, los bienintencionados, los hombres-pieza, los que se encuentran cómodos en el rebaño, los que cuando se les pregunta por qué están allí encogen los hombros y siguen gritando. Son también los parados, los que de verdad no se sienten representados, los que huelen que la cosa está muy mal pero que sin embargo carecen de bagaje cultural alguno que les sirva para diagnosticar causas y proponer curas acertadas.

Y por último, a modo de tercera ola, llegaron los jovenzuelos del botellón. Esos que se han encontrado con el plan hecho, los que ya saben qué hacer a las ocho de la tarde, los que antes de ir pasan por casa (yo lo he visto) a maquillarse, a vestirse como corresponde y gritan igual que beben y se indignan igual que duermen y protestan por hacer algo, por pasar las tardes con alguna movida a la que apuntarse.

He dicho antes que toda esta masa (tirando a chusma) es un conjunto heterogéneo, lo cual no quita para que compartan muchas cosas. Destacaremos dos.

Todos padecen, en primer lugar, esa grave enfermedad de nuestros días que podríamos denominar esnobismo 2.0. La tecnología, las redes sociales, los nuevos modos de comunicación nos acaban de arrasar y aún no hemos aprendido a adecuar nuestro comportamiento de un modo mínimamente digno. De golpe, se ha hecho realidad el deseo de la lámpara que un día tuvo Warhol y los minutos de fama nos han sido concedidos a modo de pensamientos, opiniones y otros animales de 140 caracteres con los que cualquiera puede martirizar a cualquier otro. Facebook y twitter, por ejemplo, han dado rienda suelta al más desatado narcisismo de unas gentes que no se cansan de expresarle a los demás sus más profundas tonterías. Esnobismo puro y duro que, en el caso de Sol, no puede ser más llamativo: gentes que, a través de sus iphones, sus blackberrys y otros tantos aparatos (nunca, por cierto, desarrollados en sus paraísos filosocialistas) pretenden emular los comportamientos de los grandes revolucionarios que en la historia han sido.

Y en segundo lugar, y mucho más importante, los hijos de la revolución/ rebotellón de Sol comparten, por encima de cualquier diferencia secundaria, el gusto por las cadenas, la querencia a mantener agachada la cabeza ante un Poder que en ningún caso cuestionan y, mucho menos, pretenden debilitar. Antes al contrario, de las propuestas asamblearias que bajos las carpas han sido consensuadas no hay ni una sola que no esté destinada a agravar el peso estatal, a ensanchar su poder de decisión. No quieren libertad (es la gran olvidada de todo este follón y nadie la echa en falta). Quieren coacción. Y quieren, además, manejarla ellos.

Cuando el otro día un reportero iba preguntando a los allí presentes, cada uno expresaba una petición distinta: un trabajo para mi hijo, unos políticos dignos, la reforma de la ley electoral, que se cambie una ley según la cual un extranjero tendrá siempre preferencia ante un español para optar a un puesto de trabajo (juro que una chica dijo eso), la libertad de las ardillas (que se me caiga una oreja si miento)… y así podríamos seguir. Todos con su petición en el bolsillo, todos con la mirada baja, como en la mítica primera escena del El Padrino, esperando, sin importar el modo, que el poderoso Don Vito haga justicia.

Los gritones de Sol comparten, por encima de todo, su cobardía y su servidumbre, su gusto por el palo y la cadena. Su desdén, en fin, hacia la libertad.