Archive for the Berlanga Category

LO MEJOR Y LO PEOR DE LA GALA

Posted in Berlanga, Listas, Noticias de cine with tags , , , , on febrero 28, 2011 by JJMercado

Bueno, pues ya pasaron los Oscar. Tachón y películas nuevas. Ya tenemos los nombres con los que rellenar las quinielas que venían haciéndose durante meses. Ya sabemos las tendencias de los cachés de cada uno a partir de hoy mismo. Y ya podemos decir que todo ha salido según lo previsto en una gala que, tal y como apunté esta misma mañana nada más acabar, y tal y como han venido reflejando los medios de un modo casi unánime, ha sido muy sosa. Una gala de la que para mí, las cinco mejores y peores cosas han sido las siguientes:

Lo mejor:

Anne Hathaway y sus ocho vestidos. Guapa, voluntariosa y divertida. ¿Por qué Hugh Jackman no fue su compañero? Serían insuperables.

– El fracaso de Valor de Ley. Nunca debió acaparar 10 nominaciones. Las gafipásticas caras de los Coen no sabían qué hacer según avanzaba la gala.

– El Oscar a Natalie Portman. Estas cosas hay que cogerlas cuanto antes. Son muchos los que después han ido tropezando una y otra vez hasta quedarse sin premio nunca. Ella lo merecía mucho y ya lo tiene.

– La dispersión de los premios, pese a la innegable caída del gordo en El discurso del rey. Ninguna de las candidatas merecía desmarcarse mucho más.

– El escenario. Una pasada, el despliegue de medios. Y la elegancia y el respeto del personal. Es tópico decirlo pero… ya quisieran los Goya.

Lo peor:

James Franco. Nadie se preocupó de despertarle en toda la noche.

– El imperdonable olvido de Berlanga en el apartado de recordatorios. Vergonzoso.

– La chaqueta blanca de Bardem. Que además parecía de su hermano pequeño.

– La previsibilidad. Ninguna gran sorpresa le puso chispa a la noche. Ni premios inesperados ni salidas de tono en un guión gris que si no pasó desapercibido fue por su excesiva discreción. Y cuando se hizo, no resultó. ¿Por qué Kirk Douglas dio esa sensación de viejecillo verderón?

– El tono ñoño y nostálgico en general (no era una fecha que nos hicera tender a ello) y el del coro final, en particular. Millones de niños entrando en camisetas coloridas para cantar Somewhere over the rainbow. Quitaron protagonismo a los ganadores y parecían dárselo a Michel Jackson.

FIN DE AÑO MADE IN BERLANGA

Posted in Berlanga with tags , on diciembre 30, 2010 by JJMercado

Acaba el año, acaba la década y ninguna película refleja tan bien este redondo acabar, aún siendo mucho más, claro, como París Tombuctú. En ella, aprovechando el agotamiento del milenio pasado, Berlanga no sólo le dio un final apocalíptico a la cinta sino que, con ella, le puso el punto definitivo a su monumental carrera.

A mí me cuesta mucho encontrar una película en la que terminen tantas cosas y tan importantes. Y desde luego muy pocas que dejen un sabor tan agridulce, con especial carga de lo agrio, en el paladar de uno. No sólo por el metafórico fin cinematográfico de Berlanga (con ese poderosísimo cartel (“Tengo miedo L.” que, contra lo que todos hemos pensado alguna vez no fue un deseo personal del director ni, mucho menos, su testamento artístico/vital sino una jugarreta de los guionistas, pese a que el resultado nos siga emocionando igual) o por el Cambalache de Aute (este sí es de suponer que ha sido elegido por el propio Berlanga con un mensaje parecido) sino por la representación de la continua huída hacia adelante (“somos los que se van”, dijo Borges), de esa constante búsqueda sin salida ni solución óptima que todos sufrimos y que fundamenta la base de la película.

PS: Yo no sé si es apropiado, en estas fechas, meternos en estos jardines (en cualquier caso, esta película lleva mucho tiempo en mi Top Ten). Por eso mañana, para compensar, recurriremos a otra Nochevieja de cine. Y no a cualquiera, sino a la más remotamente tierna que se haya filmado nunca.

UN OLVIDO DELATOR

Posted in Berlanga, Noticias de cine with tags , , on diciembre 6, 2010 by JJMercado

El pasado sábado día 4 tuvo lugar en Tallin la gala de la European Film Academy. Nada bueno puede decirse de ella. Primero, por concederle a The writer, de Polanski, las dos orejas y el rabo (a mi entender, el director polaco no supo sacarle ni mucho menos el partido que tenía a un toro bien hecho y encastado como el thriller político que escribiera Robert Harris). Y segundo, y mucho más importante, por haber caído en el mayor de los ridículos al no saber recordar entre sus caídos –como sí se hizo con Mario Monicelli y Claude Chabrol- a Luis García Berlanga. Pocos nombres podrán enumerarse de su altura e importancia y, desde luego, de entre esos pocos, ninguno de los que sí se acordaron.

Con ambos gestos –mucho más con el segundo que con el primero, sin duda- la academia se retrata/delata. Menos mal que a Berlanga, de enterarse, se la hubiera traido floja, claro.

EL VERDUGO: TRES ESCENAS Y UN SONIDO.

Posted in Berlanga, Opiniones with tags , on noviembre 23, 2010 by JJMercado

Berlanga ha muerto, viva Berlanga. Y lo tendrá fácil. Él, como otros pocos genios de las artes (con qué facilidad se regala habitualmente la palabra…) tienen, como recompensa al trabajo bien hecho, garantizado el pase vip a la posteridad. Boyero decía el otro día que ese don le venía dado por Plácido y El verdugo. Para mí, podrían fácilmente añadirse a la lista tanto su Trilogía Nacional como su París-Tombuctú, de las que hablaré otro día.

Decir El verdugo es decir cine. En ella, Berlanga nos habla de un poder capaz de corromper a las personas, de la masa que aplasta al individuo tema desde luego no caducado, pese a la muerte de aquel régimen político en que se desarrollaba la película. Hoy mismo podríamos usar la metáfora berlanguiana (¿para cuándo la inclusión oficial del adjetivo en la RAE?) del verdugo para explicar el núcleo mismo de nuestro mal llamado estado del bienestar. Recordemos que la razón por la que Nino Manfredi se ve avocado a coger el relevo en el cargo de ejecutor es precisamente el acceso a un piso de protección oficial. No está de más recordar aquí la vieja e insuperada definición de Bastiat según la cual el Estado no es sino la gran ficción mediante la cual todos pretenden vivir a costa de los demás.

Para mí, tres son las escenas imborrables que Berlanga aportó a la historia del cine con esta película: en primer lugar, la escena de la boda de la pareja protagonista, entrando a la iglesia nada más terminar la ceremonia nupcial de otra pareja de rango social mucho más elevado, mientras los monaguillos van interrumpiendo el acto según van quitando los adornos que a ellos no les corresponden: las flores, las butacas de terciopelo e incluso las velas de los candelabros que hacen que prácticamente queden a oscuras. En segundo lugar, la celebérrima escena de las Cuevas del Drach, con la pareja de Guardia Civiles llamando a Manfredi desde las aguas, altavoz en mano. Y en tercer lugar, y quizá más representativa e inolvidable por lo que de visual y trabajado tiene, la escena casi final de la película en la que, a través de un amplio y desierto patio interior, se dirigen verdugo, reo y autoridades a celebrar la ejecución divididos en dos grupos: unos acompañando al futuro ajusticiado y otros, con mucho más trabajo, tratando de animar al pobre verdugo cuyo sombrero, en el forcejeo, queda caído en medio del recinto, solitario, hasta que un guardia vuelve corriendo a recogerlo, como no dejando que nada de él quede fuera en el momento de la verdad.

Y por encima de esto, a modo de tétrico hilo musical, el sonido metálico de los hierros en la bolsa de trabajo del verdugo. Pocas veces un efecto sonoro ha sido tan efectivamente visual.

Bendito sea Berlanga. Amén.