BIENVENIDOS AL SUR, O NO…

En lo últimos años se han producido en Italia tres de las mejores comedias cinematográficas mundiales. La vida es bella, El cartero y Manual de amor me parecen tres películas fantásticas, divertidas, ingeniosas y muy, muy agradecidas de ver. *

Con tales antecedentes (y dejándome llevar por el marketing promocional) me puse a ver el otro día Bienvenidos al sur, remake italiano de la exitosísima comedia francesa Bienvenue chez les Ch’tis, a la que se supone que, copiando frase por frase, mejora mucho.

No he visto la película francesa y ya puedo decir que no la veré nunca. Si la italiana es su versión mejorada no quiero ni pensar en cómo podría ser el bodrio franchute. Porque vaya tostón. Tres noches me ha costado terminarla y aún me pregunto la razón pues nada hay que pueda ser salvado de la quema. Ni la interpretación de ninguno de sus actores, ni la música, ni la fotografía, ni el guión (firmado por un Massimo GaudiosoGomorra– presumiblemente borracho). Nada, en fin, de lo que tanto había brillado en las tres películas citadas al inicio del post merece aquí la más mínima atención. Por no hablar del horrible doblaje a la hora de ponerse a imitar acentos locales y chascarrillos idiomáticos, que no consigue sino dar a la película un aire general de mediocridad que poco ayuda, desde luego, a sus de por sí maltrechos valores.

Tema aparte es el irritante localismo de la trama: un oficinista de correos aplica para ocupar la plaza de director en Milán simulando ser minusválido para obtener alguna ventaja en el proceso de selección. Al ser descubierto, y como castigo, es destinado a un pequeño pueblo del sur, donde acudirá el protagonista lleno de miedos ante los tópicos que corren sobre la gente del lugar: alta delincuencia, mafia, dificultad en el habla, mentalidad campestre… y toda una suerte de estereotipos que, como es lógico, se irá desmontando hasta hacer realidad el aviso que le dio su cicerone en el pueblo: “cuando se viene al sur se llora dos veces, al llegar y al irse”.

Yo no sé lo que siente un milanés al llegar al sur de Italia. He estado allí (y en el norte), pero mi desconocimiento de sus usos y costumbres me ha debido cegar a la hora de captar tan marcadas diferencias. Lo que no me ha quedado más remedio que captar, en cualquier caso, es el hondo aburrimiento que se siente viendo la película.

* Supongo que el recuerdo de las tres ha sido el único cebo en el que ha confiado la distribuidora de la película a la hora de meterla en España, pese a que la razón fundamental se la debamos a la larga sombra del amigo Berlusconi, dueño de Italia toda, incluida la productora de la película…

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