BEN STILLER ENVEJECE MAL

Un soberano coñazo. Busco y no encuentro una frase con la sintetizar mejor la última película de Ben Stiller. Greenberg se llama la cosa. No sé ni cuándo se estrenó en España, pero la nula o mínima repercusión que tuviera en su momento no pudo ser más justa. Quizá la peor de las cosas que pueda decirse de una película es que ha costado trabajo terminar de verla y en este caso cuesta muchísimo.

No hay nada malo en una mala película. La historia del cine está llena de buenísimas películas malas. Personalmente he disfrutado y disfruto de muchas de ellas, a condición de que no sean pretenciosas que es, quizá, el pecado más mortal así en el arte como en la vida. Porque nada hay peor que pretender epatar al personal yendo de lo que uno no es o, peor aún, de lo que uno sí es. En este caso, una mezcla de ambas atormenta al espectador, forzado a soportar la insoportable pose de (falso) intelectual y (verdadero) modernillo de su director, Noah Baumbach.

Al igual que pasaba en la ya comentada aquí Winter´s bone, aquí la historia es escasa: con la excusa de un cuarentón que vuela durante unas vacaciones a la casa de su hermano ausente volviendo a reencontrarse con parte de su vieja vida e iniciando una relación con una de las trabajadoras de la casa, se nos intenta vender un drama generacional de profundas dimensiones. El problema es que, al contrario de lo que pasaba en la película de Debra Granik, aquí el guión es soporífero, lleno de situaciones vacías, con unos diálogos raquíticoss y una continua sensación de avanzar de manera forzada. Por su parte, la realización y el montaje, ansiosos por sacar brillo, no consiguen sino dejar aún más en evidencia el desastre.

A todo esto hay que sumar la horrorosa interpretación de un desmejorado Ben Stiller tratando de demostrar que se ha hecho mayor y mira, mamá cómo puedo hacer algo más que hacer reír (como si esto, que lo hace muy bien, no fuera digno y difícil). Pero no cuela. El salto debería haber consistido en algo más que adoptar una actitud exageradamente pasiva consistente en la total ausencia de muecas graciosas. Graciosas y demás, porque el tipo se pasa los 100 minutos con la misma cara de memo.

Un bodrio, en fin, que resulta haberse convertido en el paradigma de una escisión del movimiento indie (¿?) bautizado como “mumblecore”. No sé muy bien el significado en español, pero intuyo que puede ser “gilipollez”.

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Una respuesta to “BEN STILLER ENVEJECE MAL”

  1. […] Centauros del Desierto Just another WordPress.com site « BEN STILLER ENVEJECE MAL […]

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