DOGVILLE, UNA JOYA

Es por todos conocida la vieja frase de John Ford: las tres cosas más importantes para una buena película son el guión, el guión y el guión. Orson Welles (que llegaría a decir que sus tres directores favoritos eran Ford, Ford y Ford) apostaba sin embargo por el montaje como punto clave del resultado final. Alfred Hitchcock, quizá con más acierto aún, dijo al respecto que sólo podía decir dos palabras: Billy Wilder.

Desde luego los tres tenían razón y no seré yo quien venga ahora a enmendar la plana a tales gigantes. Sin embargo, siempre me ha parecido acertado aplicar al cine una máxima que alguien aplicara a las canciones según la cual una buena película sería un buen guión, un buen director, unos buenos actores, una buena producción “y algo más, que nadie sabe lo que es, pero que es lo más importante”.

Porque hay cientos de películas con guiones redondos, buen reparto, profundidad en la trama, estupenda dirección, grandes recursos… pero muy pocas son Casablanca o El Padrino o Ciudadano Kane o Centauros del desierto o Manhattan. Y desde luego, hoy día, pocas, muy pocas, son Dogville.

Dogville cumple perfectamente con todas las características objetivas que deberían transportarla automáticamente y en coche vip a los cielos del cine. Sin embargo, sólo el “algo más” que decíamos hace que nos impacte y nos atrape como lo hace. Lo cual tiene un mérito extra tratándose de todo cuanto envuelve la trama que nos presenta. Porque es una de las películas más extrañas y originales que uno pueda ver.

Rodada íntegramente en un antiguo almacén de tanques, el pueblo de Dogville, donde se desarrolla toda la acción, aparece en la pantalla delineado con tiza en el suelo de la inmensa nave industrial. No hay paredes, apenas hay mobiliario y el recinto queda delimitado por paneles de luz que van cambiando del encendido al apagado. Como si de un escenario teatral se tratase, el espectador, a modo de divinidad omnipresente, se encuentra en todo momento con la posibilidad de ver lo que pasa en la totalidad del pueblo, sin ningún tipo de limitación física. Este recurso, originalísimo y arriesgado (sobre todo por la capacidad de concentración que exige), es sin duda lo primero que atrapa a quien decide aceptar la mano tendida por el polémico director Lars von Trier, quien logra sacar del mismo un partido extraordinario,  muy de agradecer y desde luego con un mérito colosal.

La película narra las andanzas de Grace (Nicole Kidman) quien logra, tras una desesperada huida, llegar a Dogville. Éste es un pueblo singular, muy marcado por la vida comunal de sus extraños y escasos vecinos. Entre ellos está Tom Edison (Paul Bettany), joven filósofo y aleccionador moral del vecindario, quien decide convencer al escéptico grupo para que, a pesar de ser buscada por la policía y ser una fugitiva de la mafia, a cambio de que Grace les ayude con algo de trabajo, en compensación, en sus respectivas casas. Pese a que en principio los vecinos muestran cierta amabilidad y llegan a aceptarla como una más, pronto empezarán a hacer uso del poder que les ha sido concedido hasta llegar, en un interesantísimo proceso de degradación moral, a anularla por completo como ser humano.

Von Trier nos habla así del inmenso peligro que tiene la capacidad de poder de unos sobre otros, siendo indiferente que hablemos de gente acostumbrada a ello o de simples desamparados. En la película son tratados a la par los mafiosos con pistolas y  los, en principio, pobres olvidados. Todos, una vez disueltas las circunstancias sociales que les separan, acabarán comportándose de igual modo si el arma del poder cae en sus manos.

En Dogville  todo se sostiene gracias a una magistral interpretación del reparto (por primera vez me ha gustado mucho Kidman), la impactante solidez del guión, con su épico y sorprendente final, y la personalísima mano del propio von Trier. Todo eso y “algo más” hacen de ella una joya al alcance de cualquiera.

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4 comentarios to “DOGVILLE, UNA JOYA”

  1. alberto.djusto Says:

    La puesta en escena de la peli ya merece que se vea la peli. Pero además la Kidman se sale (tengo debilidad por este mujerón) y la extraña y talentosa mano de Trier se nota siempre. Mi peli favorita de este director.

  2. JJMercado Says:

    A mi fíjate que no me llenaba nunca, pero con esta película se sale, sí, sí. El único pero que se le podría poner a bueno de Trier es el pastizal que se gastó en la primera escena, que es algo que nadie recuerda, además… El cenital que nos ofrece la totalidad del pueblo y llega hasta un plano detalle de la mano del filósofo apagando la radio. Como la nave no era lo suficientemente alta como para abarcar todo en el objetivo, el tío lo rodó con muchas cámaras a la vez y luego uniendo todas las imágenes. Creo que le salió por una millonada…jeje.

  3. alberto.djusto Says:

    mmm, la verdad es que no recuerdo esa escena inicial jeje Anyway, ese tío es el típico genio loco pero consciente de ambas cosas, de que es un genio y que está pirado. Es un poco a lo Guti, da un pase de tacón de vez en cuando pero le encanta hacer cosas raras para él y su grupo de freaks.

  4. […] todo esto a la perfección. La primera, hace un par de años, fue La ola. La segunda, ya comentada aquí, Dogville. La tercera la vi ayer.  Se llama My good enemy (Min Bedste Fjende), es danesa y ha […]

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