EL GRAN (EJEM) VÁZQUEZ

Me llamó la atención en su día el tráiler. Ambientada en la Barcelona del tardofranquismo, la película nos muestra parte de las peripecias vitales de Manuel Vázquez, famoso dibujante de cómics español que alcanzó el éxito gracias a personajes como “Anacleto, agente secreto” o “El tío Vázquez”. Ayer, como vi que andaba colgada en una de esas webs que la Sinde nos quiere censurar me lancé a verla (véase cómo, en el peor de los casos, la producción de la película no ha perdido nada con mi acción: de no haber estado colgada, simplemente no la habría visto nunca).

Vázquez, además de dibujante, era un pícaro, un caradura, un vivalavirgen. Un personaje típico español, vamos, llevado al extremo y, lo que es más difícil, a la vida real. Se pasaba la vida timando a la gente, debiendo dinero, cambiando de vecindario cuando ya era demasiado conocido. Llegó a mantener relaciones estables, superpuestas o no, con 7 mujeres, dejando un reguero de 11 hijos, alguno de los cuales empeñado en seguir las andanzas del pater. Dio con los huesos en prisión 3 veces. Mantuvo tensas relaciones con su editorial de siempre, Bruguera, que terminaría hartándose de sus andanzas. Y hasta tal punto fue incapaz de cambiar que pocos días antes de morir supo dar su último golpe al cobrar un trabajo post-mortem tras fingir su propio suicidio.

Con todos estos ingredientes, desde luego historia había. Por eso digo que me llamó la atención el tráiler en su día. Y por eso me animé ayer a verla. Pero hablamos de cine español, claro, y la cosa no podía terminar bien. La película, a excepción de la fotografía, la música y, siendo benévolos, la interpretación de Álex Angulo, no pasa de ser, en sus mejores momentos, un quiero y no puedo cuando no, en sus peores, un bodrio importante. Rematadamente mal está Santiago Segura demostrando que es y será siempre Torrente. Horrible hasta la nausea está el maquillaje y la peluquería (el disfrazado más cutre de los carnavales de Cádiz a las 6 de la mañana se coloca mejor una calva postiza que el personaje de Ibáñez en esta película o la barriga-cojín de Segura en las escenas finales). Pésima la dirección en su manejo de la cámara y los actores. Y pobre, muy pobre, un guión que disponía de muchísimas facilidades dadas las anécdotas reales de la vida de Vázquez (incluso el hecho de haberle conocido personalmente por parte de Óscar Aiba, director y guionista) y que no pasa de ser algo superficial y, en los momentos importantes de la película, poco o nada creíble. No sorprende, pues, que pese a los 4,3 millones de euros de presupuesto sólo recaudara 850.000 (vivan las subvenciones).

Por lo general, no me gusta evocar el manriqueño “cualquiera tiempo pasado fue mejor” pero ante casos así, a uno le es imposible jugar a imaginar la trama en manos de Berlanga y Azcona con José Luis López Vázquez en su papel principal. Sólo por el gusto que da pensar en lo que podría haberse conseguido vale la pena ver la película (que, pese a todo, dada la fuerza de la biografía real del personaje, no ha llegado a aburrirme).

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