LA PIRATA SINDE NOS QUIERE METER MIEDO

Amador Fernández-Savater, coeditor de Acuarela Libros, fue invitado a cenar el pasado viernes, junto con otra serie de invitados (Ález de la Iglesia, Ouka Lele, Juan Diego Botto (¿?), Muñoz Molina…) a una cena con la Ministra Pirata a fin de tratar el tema de las descargas. Ayer, en su blog, contó cómo transcurrió la cena en un post que merece la pena leer para conocer cómo se vive el estado de la cuestión en las “altas esferas” y el oscuro futuro que nos espera (primero, por su totalitaria ideología; segundo, y quizá más importante, por la asfixiante presión que está ejerciendo sobre el Gobierno la administración obamita).

Copio y pego algunos fragmentos pero, insisto, el artículo completo no tiene desperdicio:

Quizá haya por ahí algún morboso preguntándose qué nos dieron para cenar. Yo se lo cuento, no hay problema, es muy sencillo. Fue plato único: miedo. El miedo lo impregnaba todo. Miedo al presente, miedo al porvenir, miedo a la gente (sobre todo a la gente joven), miedo a la rebelión de los públicos, miedo a la Red.

Si yo me atocino la tarde del domingo con mi novia en el cine viendo una peli cualquiera, estoy valorando la cultura porque pago por ella. Y si me paso dos semanas traduciendo y subtitulando mi serie preferida para compartirla en la Red, no soy más que un despreciable consumidor parásito que está hundiendo la cultura. Es increíble, ¿no? Pues la Red está hecha de un millón de esos gestos desinteresados.

Creo que lo más valioso del movimiento por una cultura libre no es que proponga soluciones (aunque se están experimentando muchas, como Creative Commons), sino que plantea unas nuevas bases donde algunas buenas respuestas pueden llegar a tener lugar. Una revolución mental que nos saque fuera del callejón sin salida, otro cerebro. Que no confunda a los creadores ni a la cultura con la industria cultural, que no confunda los problemas del star-system con los del conjunto de los trabajadores de la cultura, que no confunda el intercambio en la Red con la piratería, etc.

Durante toda la reunión, no pude sacarme de la cabeza las imágenes de la película El hundimiento: encerrados en un búnker, sin ver ni querer ver el afuera, delirando planes inaplicables para ganar la guerra, atados unos a otros por fidelidades torpes, muertos de miedo porque el fin se acerca, viendo enemigos y traidores por todos lados, sin atreverse a cuestionar las ideas que les arrastran al abismo, temerosos de los bárbaros que están a punto de llegar… ¡Pero es que el búnker ni siquiera existe! Los “bárbaros” ya están dentro.

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