LA HIPOCRESÍA DE JAMES CAMERON

No me gustó Avatar. Al margen de la curiosa experiencia del 3D (y la innegable imaginación a la hora de crear fundamentalmente gadgets futuristas) me pareció una película más bien hortera y con una trama que llegaba a provocar en ocasiones vergüenza ajena. Esto no quita para que le niegue a James Cameron ni un ápice del valor de sus importantes aportaciones a la historia del cine en tanto que empresario innovador. Pero hasta ahí.

Porque nada peor que escucharle sentar cátedra sobre el arte y la crítica cinematográfica. La semana pasada, mismamente, en una entrevista concedida al diario alemán Der Spiegel el director americano hacía gala, no sólo de la hipocresía típica de los progreyupis californianos (“allí no se puede vivir. Quizás me mude pronto“) sino de una gigantesca caradura al afirmar cosas como que “Hollywood tiene una crisis de historias (…) Ahora mismo está regido por el negocio de las continuaciones (…) Esto quiere decir que se rueda una segunda parte de algo que ya tuvo éxito porque todo el mundo en Hollywood sabe lo importante que es que una película se convierta en una marca antes de llegar a los cines“.

Lo criticable no es, lógicamente, lo que dice (tiene toda la razón) sino que sea él precisamente quien lo afirme. Un hombre que con su último bombazo no hizo más que un avatar propiamente dicho de Pocahontas y que está preparando no una, sino dos secuelas del mismo. Un poquito de por favor, James.

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