LA MEJOR MANERA DE EMPEZAR EL AÑO

Pasada ya la noche de los frikis vivientes –todos tienen derecho a tomar la ciudad y la noche del 31 le corresponde a la muchachada hortera que se disfraza con faldas y corbatas recién compradas- es hora de estrenar el nuevo año. Estos pobrecillos a que nos referimos no podrán empezar hoy, claro, pues su resaca de ron barato no se lo permitirá, pero para el resto quizá el cine pueda suponer un buen empuje con el que afrontar este 2011 que se nos han venido encima.

Creo que nada mejor como El apartamento para empezar con buen pie, esa obra maestra de Billy Wilder que nos cuenta, por encima de todo, la historia de dos buenas personas. Es verdad que Buddy Baxter (el mejor Jack Lemmon, que ya es decir) se pasa la vida descansando a duras penas entras las sábanas aún calientes de su propio apartamento, que presta sin parar a sus jefes para que se desfoguen discretamente con sus conquistas a cambio de una promesa de ascenso que finalmente llegará; y es verdad que Fran Kubelik (Shirley Mc-Laine, excelente y guapa como siempre) vive, más allá de su puesto de ascensorista en la oficina, una vida de lujos a costa de fingir amar a uno de los jefazos. Todo es así, ya digo, pero no tanto. Y todo es verdad, pero tampoco. Porque por encima de todo, Baxter y Kubelik son dos pobres inocentes que no se atreven a saltar en marcha de una vida que les arrastra ciegamente hacia metas que, en su día, parecían prometer alegría eterna y que, una vez cumplidas, no les han servido para nada. Y así, cansados de la inercia y la insatisfacción se ven, llegada la Nochevieja, a consecuencia de sendos golpes encima de la mesa y un travelling inolvidable, empezando un nuevo año de la mano de la mayor felicidad imaginable.

Por eso y mucho más, nada como El apartamento para empezar, si no tan alegremente como Lemmon y Mc-Laine, sí con el optimismo y las fuerzas necesarias esta nueva década, la segunda ya del siglo XXI.

Como curiosidad, decir que cuando la película fue estrenada en el Berlín comunista varios de los capos soviéticos se mostraron encantados y felicitaron por ello a Billy Wilder: por fin, le dijeron, una película americana que muestra las mezquindades de la sociedad capitalista, donde el individuo, reducido a un simple número en su oficina, se ve obligado a cometer verdaderas inmoralidades a cambio de su propio progreso. Wilder, educado como era, se levantó, agradeció el elogio y puntualizó explicando que

lo que se mostraba en El apartamento en realidad podía pasar en todas partes: tanto en Tokio como en Londres, en París como en Munich. Sólo había una ciudad en el mundo donde una cosa así no podría suceder, en Moscú. Aplausos halagados de los invitados en Die Möwe. En moscú no habría podido suceder –seguí yo- porque a Lemmon le habría resultado imposible alquilar allí su apartamento, ya que tendría que compartir la vivienda con otras tres familias.

Nadie es perfecto”. Billy Wilder y Hellmuth Karasek. Página 387.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: